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Cuando el usuario de internet deja de ser humano

Los agentes de IA están empezando a pasar de responder preguntas a realizar acciones. El cambio será importante cuando puedan contratar servicios, pagar y cobrar bajo unas reglas claras.

v1.18 septiembre 20268 min de lectura

Tres planos de cristal apilados con identidad, trabajo y pago iluminados
«Los agentes ya pueden pagar y cobrar.»

Le pides a un agente de inteligencia artificial que organice un viaje.

Puede buscar vuelos, comparar hoteles, construir un itinerario y recomendarte la opción que mejor encaja con tu presupuesto. Pero cuando llega el momento de reservar, pagar o aceptar unas condiciones, normalmente tiene que devolverte el control.

Internet todavía espera que haya una persona delante de la pantalla.

Esa persona abre la cuenta, introduce una tarjeta, aprueba la compra y responde si algo sale mal. Incluso cuando el software automatiza una parte del proceso, la decisión económica suele regresar a un usuario humano o a una empresa reconocible.

Los agentes de IA empiezan a poner a prueba esa estructura. Algunos sistemas ya pueden buscar servicios, utilizar herramientas y completar tareas entre distintas aplicaciones. El siguiente paso es que puedan operar con dinero dentro de los límites que les marque una persona o una organización.

Cuando eso ocurra de forma habitual, una parte de internet tendrá nuevos participantes: programas capaces de contratar, pagar y cobrar.

De responder preguntas a realizar acciones

Un asistente responde cuando le pedimos algo. Un agente recibe un objetivo y ejecuta varios pasos para alcanzarlo.

La diferencia se entiende mejor con una tarea sencilla. Un asistente puede decirte cuál es el vuelo más barato. Un agente puede buscarlo, comprobar tus preferencias, reservarlo y registrar el gasto.

Ese paso añade utilidad, pero también responsabilidad. Si el precio cambia, la reserva es incorrecta o el agente supera el presupuesto, alguien debe poder entender qué ocurrió y detener la operación.

Por eso dar acceso a una tarjeta no basta. Para actuar con cierta independencia, un agente necesita una estructura que defina quién es, qué puede hacer, cuánto puede gastar y quién responde por sus decisiones.

Qué necesita un agente para operar

La infraestructura puede explicarse mediante cuatro necesidades.

Identidad

01

Debemos saber qué agente está actuando, a qué persona u organización representa y quién controla sus permisos. No hace falta que tenga una identidad humana, pero sí una forma verificable de presentarse.

Capacidad

02

El agente debe explicar qué tareas puede realizar, qué información necesita y cuáles son sus límites. Esto permite que otros sistemas sepan cuándo pueden contratarlo o enviarle una solicitud.

Pago

03

Necesita una forma de pagar por un servicio o cobrar por un trabajo sin pedir una autorización manual en cada paso. Esa capacidad debe incluir límites de gasto, monedas permitidas y reglas para operaciones excepcionales.

Responsabilidad

04

Debe quedar registrado qué se solicitó, quién lo solicitó, qué entregó el agente y qué ocurre si el resultado es incorrecto. También hacen falta mecanismos para detener pagos, revisar una operación o resolver una disputa.

Estas cuatro capas permiten que un agente participe en una transacción. Todavía no demuestran que exista una economía de agentes a gran escala.

Qué puede hacer ya

La parte técnica ha avanzado lo suficiente como para probar operaciones completas.

Un agente puede utilizar una cartera digital, pagar por acceder a una herramienta, recibir un encargo y cobrar cuando entrega el resultado. También puede consultar la identidad o la reputación de otro agente antes de contratarlo.

BNB Agent Studio reúne varias de estas funciones en un entorno experimental. Combina cartera, acceso a modelos de IA, identidad, gestión de trabajos y pagos. Su documentación y su código permiten probar un flujo en el que un agente encuentra a otro, solicita un servicio, deposita el pago, recibe el resultado y deja constancia de la operación.

Detrás de ese proceso aparecen nombres como ERC-8004, ERC-8183 y x402. El primero aborda identidad y reputación. El segundo organiza el encargo, la entrega y el pago. El tercero permite introducir un requisito de pago dentro de una petición web.

El detalle técnico seguirá evolucionando. La idea relevante es más sencilla: ya se puede construir una transacción digital en la que el participante directo sea un programa.

Quién responde cuando algo sale mal

Un agente puede elegir un proveedor inadecuado, pagar demasiado o recibir instrucciones manipuladas. También puede utilizar una credencial comprometida o entregar un resultado que nadie ha comprobado.

«La autonomía útil necesita límites.»

Una persona o una empresa tendrá que decidir cuánto puede gastar el agente, qué servicios puede contratar y qué acciones requieren aprobación. Los sistemas deberán conservar un historial comprensible y permitir que una operación pueda detenerse o revisarse.

La cuestión no es solo si una máquina puede pagar. También debemos saber quién asume el coste cuando se equivoca.

¿Existe ya una economía de agentes?

Todavía no hay evidencia suficiente para afirmarlo.

BNB Chain comunicó en julio de 2026 que su red albergaba alrededor de 200.000 identidades registradas bajo ERC-8004, cerca del 60 % de las registradas en 26 redes según los datos que citó de 8004scan.

La cifra muestra interés y capacidad de despliegue. No nos dice cuántos agentes trabajan, cuántos clientes pagan por sus servicios ni cuántas operaciones se repiten sin incentivos.

Registrar un agente es relativamente sencillo. Conseguir que haga un trabajo útil, encuentre demanda y genere ingresos de manera recurrente es mucho más difícil.

«La infraestructura empieza a estar disponible. El mercado todavía tiene que demostrar que existe.»

Por qué puede cambiar internet

Los servicios digitales actuales venden principalmente a personas y empresas. Sus cuentas, precios y procesos de pago fueron diseñados para ellas.

Un agente puede comportarse de otra forma. Puede comprar una sola consulta en lugar de pagar una suscripción. Puede comparar varios proveedores en segundos, repartir una tarea entre distintos servicios y pagar únicamente por los resultados que necesita.

Si ese comportamiento se extiende, las empresas tendrán que pensar en programas como posibles clientes. También aparecerán nuevos puntos de control: sistemas de identidad, directorios donde los agentes se encuentran, carteras con límites, mecanismos de pago y servicios que comprueban la calidad del trabajo.

El valor no dependerá únicamente de crear agentes. También estará en la infraestructura que les permita operar de forma segura.

Qué debemos observar ahora

Para saber si estamos ante una nueva capa económica de internet, necesitamos datos de uso:

  • 01agentes que completan tareas pagadas;
  • 02clientes que vuelven a contratarlos;
  • 03volumen económico que no depende de premios o incentivos;
  • 04operaciones entre herramientas y redes diferentes;
  • 05errores, disputas e intervenciones humanas;
  • 06incidentes relacionados con permisos, claves o manipulación.

Estas señales permitirán separar los experimentos técnicos de una actividad económica real.

Una tesis abierta

Internet ya permite que el software responda y utilice herramientas. Ahora está desarrollando mecanismos para que también pueda contratar servicios y mover valor.

No sabemos cuántos agentes tendrán una actividad económica relevante ni qué infraestructura terminarán utilizando. Sí podemos observar cómo la red empieza a prepararse para participantes que no leen una pantalla, no rellenan un formulario y no pagan como una persona.

La tesis avanzará si aumentan las tareas pagadas, la recurrencia y la adopción entre sistemas diferentes. Tendrá que revisarse si los registros no se convierten en actividad o si los problemas de seguridad hacen inviable esa autonomía.

Cuando esa transición alcance un uso real, el usuario de internet dejará de ser exclusivamente humano.

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Fuentes